martes, 19 de agosto de 2008

RESURGIENDO

Huí de la ciudad deseando ser otra, odiándome por cada titubeo, por beber siempre de la botella equivocada y encoger hasta volverme diminuta cada vez que la reina de corazones se volvía hacia mí con el gesto siciliano de pasear el dedo índice por el filo de la garganta. Odiándome por enmudecer, por ahogar mi voz, por hacer de mi sonido un pozo negro. Huí de la ciudad anhelando ser una amazona, una coleccionista de cabezas, una cazadora de pigmeos de la que todas las bestias huyeran con los ojos ensangrentados por el miedo. Huí matando al ruiseñor que podía haber nacido de mi abdomen y no supo cómo hacerlo. Huí envidiando todas las voces hermosas de esta tierra, flagelándome por no ser nunca lo bastante buena como para gustarme a mí misma. Huí de la ciudad desterrada de todos los espejos, sin ni siquiera atreverme a mirar de soslayo mi figura. Recogí los pedazos, mi estómago deshecho por los golpes, mi miedo a dar un paso sin permiso, y aún me despedí del monstruo de seis cabezas intentando sonreírle. He vuelto. He vuelto con un vestido nuevo. He vuelto sintiéndome bonita. Sólo soy la sombra de lo que puedo llegar a ser. Y ahora lo sé. Me he vuelto imparable. Voy a verme crecer ante mis ojos, a buscar la melodía que me haga enamorarme de mi propia voz, a salir de ésta, como salí de todas antes, más fuerte y más segura de que poseo algo que puede llevarme a donde quiera: la honestidad de ser quien soy y de amar incluso mis fisuras.